Sospecha de una enfermedad celíaca —en usted, en su hijo, o porque un médico ha planteado esa posibilidad. Buena noticia: hoy en día el proceso diagnóstico está bien definido, es poco invasivo y fiable. Consta de dos etapas: un análisis de sangre y, si resulta positivo, una endoscopia con biopsias. Pero se apoya en una regla de oro que demasiada gente descubre demasiado tarde: no retire el gluten de su alimentación antes de terminar las pruebas. Le explicamos por qué, y cómo es en la práctica cada etapa.

La regla de oro: seguir comiendo gluten

Todas las pruebas del diagnóstico buscan los rastros de la reacción de su cuerpo al gluten: anticuerpos en la sangre, lesiones en la pared del intestino. Si deja el gluten antes, esos rastros se atenúan —los anticuerpos bajan, el intestino cicatriza. Resultado: pruebas falsamente normales, un diagnóstico fallido, y la incómoda disyuntiva entre vivir sin respuesta o reintroducir el gluten durante varias semanas para repetir las pruebas.

Es contraintuitivo —cuando uno se siente mal después de comer pan, el reflejo natural es eliminarlo. Resista ese impulso hasta contar con el visto bueno médico: es el mejor favor que puede hacerle a su futuro diagnóstico.

Etapa 1: el análisis de sangre

El punto de partida es un simple análisis de sangre, prescrito por un médico de cabecera o un pediatra. No requiere estar en ayunas. El laboratorio busca principalmente:

  • Los anticuerpos antitransglutaminasa de tipo IgA: es el marcador de referencia de la enfermedad celíaca, a la vez sensible y específico.
  • El dosaje de IgA totales, en paralelo. ¿Por qué? Una parte de las personas celíacas presenta un déficit de IgA: en ellas, la prueba principal puede dar negativo por error. El dosaje de IgA totales permite detectar este caso: el médico se apoya entonces en otros anticuerpos (de clase IgG) para no pasarlo por alto.

Los resultados suelen llegar en pocos días. Una serología negativa con IgA normales hace muy improbable la enfermedad celíaca; una serología positiva todavía no confirma el diagnóstico, pero abre la segunda etapa.

Etapa 2: la endoscopia y las biopsias

Si los anticuerpos son positivos, un gastroenterólogo propone una endoscopia digestiva alta: un tubo fino y flexible con una cámara, introducido por la boca hasta el inicio del intestino delgado (el duodeno). El examen dura unos minutos, se realiza casi siempre bajo sedación o anestesia leve, y no deja secuelas —la principal molestia es estar en ayunas esa misma mañana.

Durante el examen, el médico toma diminutos fragmentos de la pared intestinal: las biopsias. Es indoloro (la pared del intestino no tiene receptores de dolor) y constituye el núcleo del diagnóstico: al microscopio, se busca la atrofia de las vellosidades, esos pliegues que absorben los nutrientes y que la enfermedad celíaca va aplanando progresivamente.

En los niños, las recomendaciones europeas permiten, en determinados casos muy concretos (anticuerpos muy elevados, confirmados por un segundo marcador), establecer el diagnóstico sin biopsia. Es el pediatra gastroenterólogo quien lo decide, caso por caso.

En resumen: el recorrido tipo

Etapa Dónde Qué se busca A tener en cuenta
Consulta Médico de cabecera Síntomas, antecedentes familiares Hablar de ello sin minimizar
Análisis de sangre Laboratorio Anticuerpos antitransglutaminasa IgA + IgA totales Seguir comiendo gluten
Endoscopia + biopsias Gastroenterólogo Atrofia de las vellosidades Siempre con gluten
Comunicación y seguimiento Médico Diagnóstico, valoración, acompañamiento La dieta empieza aquí, no antes

¿Y la familia?

La enfermedad celíaca tiene un componente genético fuerte: los padres, hermanos e hijos de una persona diagnosticada tienen un riesgo claramente más elevado que la población general —por eso se recomienda un cribado familiar mediante análisis de sangre, incluso sin ningún síntoma. Muchas formas son silenciosas o atípicas (fatiga, anemia, trastornos discretos) y solo se revelan con el cribado. Si acaba de recibir el diagnóstico, hablar de ello con sus seres queridos es probablemente el gesto más útil que puede hacer por ellos. La AFDIAG, la asociación francesa de intolerantes al gluten, publica recursos claros para acompañar este proceso.

Después del diagnóstico: una verdadera buena noticia

Un diagnóstico confirmado es, ante todo, una explicación —a menudo después de años de síntomas inexplicados. Y es un tratamiento de una sencillez poco frecuente en medicina: sin medicamentos de por vida, sino una alimentación estrictamente sin gluten, que permite que el intestino cicatrice y que los síntomas remitan. El comienzo exige aprendizaje (etiquetas, contaminación cruzada, restaurantes), pero existen miles de direcciones totalmente sin gluten en todo el mundo —es precisamente lo que recoge el mapa Nutrixe, dirección por dirección, verificación por verificación.

Y si sus pruebas concluyen que no es una enfermedad celíaca aunque el gluten parezca sentarle mal, existen otras posibilidades: nuestro artículo sobre las diferencias entre enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten y alergia al trigo hace un repaso completo.

Esta información no sustituye una consulta médica. El recorrido descrito aquí es el recorrido tipo: solo un médico puede prescribir e interpretar las pruebas adecuadas a su situación. Y un recordatorio esencial: no retire el gluten de su alimentación antes de haberse hecho las pruebas.